Portada carbon y tecnología

¿Y si el obstáculo para convertirnos en una civilización galáctica no fuera solo la evolución de un cerebro complejo, sino algo mucho más terrenal y oscuro?

En este artículo, exploraremos una tesis fascinante y provocadora que sugiere que el verdadero «Gran Filtro» podría ser el carbón. Sin depósitos masivos de este combustible fósil, una especie inteligente podría quedar perpetuamente estancada en una era pre-industrial, incapaz de forjar el acero necesario para construir radiotelescopios o naves espaciales.

Esta investigación se ha dado a conocer recientemente en el número de enero de 2026 de la prestigiosa revista International Journal of Astrobiology, bajo el título «How common are oxygenic photosynthesis and large coal deposits on exoplanets?«. El equipo detrás de esta obra está compuesto por figuras de renombre mundial: Lincoln Taiz, profesor emérito de Biología Molecular, Celular y del Desarrollo en la Universidad de California, Santa Cruz; el recordado Joel Primack, una leyenda en el campo de la cosmología y la formación de galaxias; Doug Hellinger, físico del Instituto de Física de Partículas de Santa Cruz; y Peter D. Ward, el célebre biólogo y paleontólogo de la Universidad de Washington, conocido por su revolucionaria «Hipótesis de la Tierra Rara«. Juntos, plantean que nuestra civilización tecnológica es el resultado de una carambola geológica y biológica casi irrepetible.


El Eslabón Perdido de los Combustibles Fósiles

La Ecuación de Drake, concebida por el astrónomo Frank Drake en 1961, ha sido durante más de seis décadas el «evangelio» de la astrobiología. Es un mapa probabilístico que intenta estimar el número de civilizaciones técnicamente avanzadas en nuestra galaxia. Sin embargo, el estudio de Taiz, Primack y su equipo, publicado en enero de 2026, sugiere que hemos estado ignorando un «punto ciego» geológico que podría reducir nuestras estimaciones de miles de civilizaciones a, quizás, solo una: la nuestra.

El problema reside en lo que los científicos llaman el «salto tecnológico», específicamente en el factor de la ecuación que representa la fracción de planetas con vida inteligente que desarrollan una tecnología capaz de comunicarse a través del espacio. Hasta ahora, el pensamiento convencional dictaba que si una especie era lo suficientemente inteligente, el desarrollo tecnológico era una consecuencia inevitable. El paper de 2026 rompe esta idea, introduciendo el concepto de la trampa de la energía de baja densidad.

El Techo de Cristal de la Biomasa

eEl Período Carbonífero, un Viaje a la Era de los Bosques y los Gigantes Prehistóricos

Imagina una civilización de seres extremadamente inteligentes en un planeta idílico, similar a la Tierra, pero que carece de depósitos de carbón. Estos seres podrían dominar las matemáticas, la astronomía teórica y la filosofía. Podrían construir ciudades magníficas de madera, piedra y adobe. Pero, según Taiz y sus colegas, estarían atrapados tras un muro termodinámico infranqueable.

El combustible biológico básico, como la madera o el estiércol, tiene una densidad energética limitada. Si bien es suficiente para cocinar, calentarse o realizar metalurgia básica (como el bronce), es físicamente incapaz de generar las temperaturas constantes y extremadamente altas —superiores a los 1.500°C— necesarias para la producción masiva de acero de alta calidad. Sin acero, el camino hacia la modernidad se detiene en seco. No se pueden fabricar motores de combustión interna, ni turbinas, ni, lo más importante para el programa SETI, grandes antenas de radio o espejos de precisión para telescopios espaciales.

El Carbón como la «Escalera» hacia el Petróleo

Uno de los puntos más innovadores del artículo es la descripción del desarrollo tecnológico como una escalera de peldaños obligatorios. Los autores argumentan que no se puede saltar directamente del uso de la madera a la energía nuclear o solar fotovoltaica.

  • El Primer Peldaño (Carbón Superficial): El carbón es el único combustible fósil que se encuentra con frecuencia en la superficie o a muy poca profundidad. Es «energía empaquetada» lista para ser recogida. En la Inglaterra del siglo XVIII, las vetas de carbón estaban a menudo a plena vista.
  • El Puente de Acero: Con el carbón, una civilización puede forjar acero. El acero permite construir máquinas de vapor potentes y, crucialmente, brocas de perforación metálicas.
  • El Segundo Peldaño (Hidrocarburos Profundos): Sin esas brocas de acero y motores potentes, es imposible acceder al petróleo y al gas natural, que suelen estar atrapados a kilómetros bajo la corteza.

La tesis es demoledora: si un planeta no tiene carbón accesible, su civilización inteligente nunca obtendrá el acero necesario para extraer el petróleo. Y sin petróleo, no hay plásticos, ni aislantes eléctricos avanzados, ni la infraestructura necesaria para sostener una red global de telecomunicaciones. El carbón es el eslabón perdido que conecta la inteligencia biológica con la tecnología interestelar.

El Carbón como Filtro Selectivo

Esto redefine totalmente el factor de «desarrollo tecnológico» en la Ecuación de Drake. No es solo una cuestión de tener cerebros capaces; es una cuestión de tener la herencia geológica adecuada. El paper sugiere que los depósitos de carbón masivos son el resultado de una «tormenta perfecta» que solo ocurrió una vez en la historia de la Tierra: el periodo Carbonífero.

Durante este tiempo, grandes extensiones de bosques quedaron sepultadas bajo sedimentos antes de que los hongos y bacterias pudieran descomponer la lignina (la sustancia que hace rígida a la madera). Si en otro exoplaneta los microorganismos evolucionan para descomponer la biomasa de manera más eficiente, o si la tectónica de placas no entierra esos bosques en el momento justo, el planeta se quedará sin carbón.

En consecuencia, el universo podría estar lleno de lo que los autores llaman «Civilizaciones Atrapadas»: especies de una inteligencia asombrosa que observan las estrellas con telescopios rudimentarios de cristal y madera, entendiendo las leyes de la física, pero sin la capacidad física de construir un transmisor para decir «estamos aquí».

Esta perspectiva transforma el carbón de un simple recurso industrial en un requisito astrobiológico crítico. Según esta nueva visión, nuestra posición como civilización tecnológica no se debe solo a nuestro ingenio, sino a que caminamos sobre los restos de un cementerio vegetal que nos proporcionó la energía necesaria para escapar de nuestra propia prehistoria.

¿Por qué el Carbón?

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Para entender por qué el carbón es el protagonista indiscutible de esta historia, debemos alejarnos de nuestra visión moderna de la energía y situarnos en la mente de un inventor del siglo XVIII. No se trata solo de cuánta energía contiene una roca, sino de qué tan fácil es extraerla cuando tus únicas herramientas son palas, caballos y el ingenio humano básico. Aquí es donde surge la Paradoja de la Accesibilidad: la tecnología avanzada es necesaria para extraer energía densa, pero solo puedes crear esa tecnología si ya tienes energía densa a tu alcance

La Tiranía del Espacio y la Baja Densidad

Antes del carbón, la humanidad dependía de la biomasa —principalmente madera— y de la energía del viento o del agua. Sin embargo, estas fuentes sufren de una limitación física fundamental: su densidad de potencia es asombrosamente baja.

  • El límite del bosque: La fotosíntesis es un proceso ineficiente que convierte menos del 0,5% de la luz solar en materia vegetal. Esto genera una densidad de potencia de apenas 0,5 vatios por metro cuadrado.
  • La imposibilidad geométrica: Las ciudades preindustriales requerían entre 20 y 30 vatios por metro cuadrado para calefacción y manufactura básica. Para sostener una sola ciudad, se necesitaba un área de suministro de combustible aproximadamente 50 veces mayor que el tamaño de la ciudad misma, un callejón sin salida logístico.+1
  • El ejemplo histórico: Hacia 1720, la producción de hierro en Gran Bretaña consumía tal cantidad de madera que se habrían necesitado cosechas sostenibles de un bosque del tamaño de un estado grande (como Missouri en EE. UU.) solo para alimentar las fundiciones.

Incluso los sistemas de viento y agua enfrentaban límites de escala absolutos; no podían proporcionar la energía concentrada necesaria para la industrialización urbana masiva.

Carbón frente a Petróleo

A menudo nos preguntamos por qué no saltamos directamente al petróleo o al gas natural. La respuesta está en la geología. El carbón es lo que podríamos llamar «el fruto que cuelga bajo» del árbol energético planetario.

  • Puerta de entrada superficial: Las primeras minas de carbón en la Tierra eran extremadamente poco profundas, con profundidades que frecuentemente no superaban los 30 metros. En muchos lugares, las vetas de carbón afloraban directamente a la superficie, permitiendo una extracción manual inmediata.
  • El muro del petróleo: Por el contrario, los yacimientos de petróleo y gas son, por naturaleza, esquivos y profundos. Durante el siglo XX, un pozo de petróleo promedio se encontraba a unos 1.000 metros bajo tierra, y para el año 2008, la profundidad media aumentó a más de 1.800 metros.
  • La barrera de la ingeniería: Perforar un kilómetro y medio a través de roca sólida no es algo que se pueda hacer con herramientas de madera o bronce. Requiere taladros de acero endurecido, tuberías de alta resistencia y motores de gran potencia, todo lo cual fue el producto final de la Revolución Industrial impulsada, precisamente, por el carbón.

El Acero: El Hijo del Carbón

El carbón no solo proporcionó calor; cambió la química de nuestra civilización. Para producir acero, se necesita transformar el carbón en coque, un combustible puro que permite que los altos hornos alcancen temperaturas de unos 1.650 °C.

Sin el coque derivado del carbón, no habríamos tenido el acero necesario para construir los motores de vapor que achicaban el agua de las minas profundas, ni los raíles de los ferrocarriles, ni las brocas de perforación para el petróleo. Es un ciclo de retroalimentación: el carbón permitió el acero, y el acero permitió que nuestra civilización accediera a fuentes de energía aún más profundas y complejas.

¿Por qué no otras fuentes?

El estudio publicado en el International Journal of Astrobiology en enero de 2026 descarta que una civilización pueda «saltarse» los fósiles usando energía nuclear o renovables avanzadas desde el principio.

  • Energía Nuclear: Aunque teóricamente posible, requiere una metalurgia de precisión y una ciencia de materiales que son inalcanzables para una sociedad preindustrial.+1
  • Energía Eléctrica: Hoy producimos acero en hornos de arco eléctrico, pero estos requieren redes eléctricas robustas y generadores masivos que no pueden existir sin una base industrial previa.
  • Energía Solar y Eólica Moderna: La fabricación de paneles solares y turbinas eólicas de alta eficiencia depende de procesos químicos y materiales que solo una sociedad ya industrializada puede gestionar.

El carbón es la llave maestra. Transforma la ecuación energética de un planeta, permitiendo concentrar de 1.000 a 10.000 vatios en un solo metro cuadrado de extracción. En cualquier exoplaneta, la falta de este «combustible de arranque» de fácil acceso podría significar que una especie inteligente, por muy brillante que sea, esté condenada a vivir en una eterna era de madera y viento, mirando las estrellas sin poder construir jamás un instrumento para alcanzarlas.

La Rareza de la Fotosíntesis Oxigénica

fotosintesis

Si el carbón es la batería de nuestra civilización, la fotosíntesis oxigénica es el cargador que la llenó durante eones. Sin embargo, el paper de Taiz, Primack y Ward, advierte que este proceso es mucho más que una simple etapa biológica; es una anomalía estadística de una complejidad apabullante.

Del Azufre al Agua

Durante los primeros mil millones de años de la vida en la Tierra, los organismos practicaban una forma de fotosíntesis mucho más rudimentaria: la anoxigénica. En lugar de agua, utilizaban sustancias como el sulfuro de hidrógeno para obtener electrones. Era un sistema funcional, pero limitado por la escasez de esos materiales químicos.

El verdadero cambio de paradigma ocurrió con la invención del Fotosistema II (PSII). Este complejo enzimático permitió a la vida romper la molécula de agua para extraer electrones, liberando oxígeno como un «desecho» glorioso. Al ser el agua un recurso prácticamente infinito en mundos habitables, la productividad biológica del planeta se disparó por órdenes de magnitud, permitiendo la creación de las selvas masivas que más tarde se convertirían en carbón.

La Maquinaria Imposible: El Fotosistema II

¿Por qué es raro este proceso? Los autores subrayan que el PSII no es solo una enzima; es una obra maestra de la nanotecnología biológica que requiere una precisión atómica para separar el hidrógeno del oxígeno sin autodestruirse en el proceso.

  • Complejidad Evolutiva: En la Tierra, se estima que la fotosíntesis oxigénica tardó entre 500 y 1.000 millones de años en aparecer tras el origen de la vida, y no fue hasta hace unos 2.400 millones de años (el Gran Evento de Oxidación o GOE) que el oxígeno alcanzó niveles significativos en la atmósfera.
  • Vulnerabilidades Abióticas: El estudio menciona que el aparato fotosintético es extremadamente vulnerable a diversos tipos de estrés ambiental. Un exceso de radiación puede causar fotoinhibición, un proceso donde la luz, en lugar de alimentar a la planta, daña sus centros de reacción. En planetas que orbitan estrellas más activas que nuestro Sol, como las enanas rojas, esta vulnerabilidad podría impedir permanentemente el desarrollo de una atmósfera rica en oxígeno.

El Tiempo como el Gran Obstáculo

Una de las revelaciones más impactantes del paper es la cuestión del tiempo necesario para oxigenar un planeta. Bajo ciertas condiciones atmosféricas y geológicas, los autores calculan que un planeta similar a la Tierra podría tardar hasta 63 mil millones de años en alcanzar un evento de oxidación masiva. Dado que el universo tiene apenas 13.800 millones de años y que la vida de la mayoría de las estrellas es limitada, muchos planetas podrían simplemente «quedarse sin tiempo» antes de desarrollar el oxígeno necesario para la combustión o el carbón.

La Trampa del Oxígeno

Sin esta «rareza» biológica, un planeta queda atrapado en dos sentidos:

  1. Sin Combustión: No importa cuánta inteligencia desarrolle una especie; si su atmósfera carece de al menos un 15-20% de oxígeno, el fuego —la primera herramienta tecnológica de la humanidad— es físicamente imposible.
  2. Sin Aerobismo: El oxígeno permitió la respiración aeróbica, que es unas 18 veces más eficiente que la anaeróbica. Esta explosión de energía fue la que permitió la evolución de animales complejos y, eventualmente, de cerebros grandes y costosos en términos metabólicos.

La fotosíntesis oxigénica es el primer gran filtro. Sin ella, no hay oxígeno para respirar, no hay fuego para fundir metales y, crucialmente, no hay biomasa suficiente para crear el carbón que lanzará a una civilización hacia las estrellas. Somos los beneficiarios de un accidente bioquímico que podría ser casi único en la galaxia.

Tectónica de Placas y Clima

Si la fotosíntesis oxigénica es la fábrica que produce el material biológico, la tectónica de placas y los ciclos climáticos son los operarios de la cinta transportadora que lo empaquetan y lo protegen del paso del tiempo. En su investigación , Taiz y su equipo argumentan que el carbón no es simplemente «madre selva muerta», sino el resultado de una carambola geofísica que ocurre muy raras veces en la historia de un planeta.

Para que el carbón se forme, no basta con que las plantas mueran; deben ser enterradas a una velocidad precisa para evitar que el oxígeno —ese mismo gas que permite la vida compleja— las desintegre mediante la oxidación. Aquí es donde entra la «danza» entre el movimiento de los continentes y las fluctuaciones del termostato global.

El «Efecto Ricitos de Oro» de la Tectónica

El estudio destaca que el periodo Carbonífero de la Tierra (hace unos 300-360 millones de años) fue una anomalía tectónica. Durante este tiempo, los continentes estaban colisionando para formar el supercontinente Pangea.

  • Cuencas de Hundimiento (Subsidencia): Esta colisión titánica creó vastas depresiones conocidas como «cuencas de antepaís». Estas zonas de la corteza terrestre se hundían lentamente a medida que las montañas se elevaban a su lado.
  • La Tasa de Enterramiento Perfecta: Si el hundimiento es demasiado lento, los restos vegetales se pudren en la superficie. Si es demasiado rápido, los sedimentos entierran las plantas tan profundamente que el calor del interior del planeta las destruye. La Tierra del Carbonífero logró una tasa de hundimiento «perfecta», permitiendo que capas de turba de decenas de metros de espesor se acumularan y se sellaran bajo el barro antes de desaparecer.

El Elevador del Nivel del Mar: Los Ciclotemas

Uno de los datos más fascinantes aportados por el paper es el papel de las glaciaciones en la formación de yacimientos explotables. En el Carbonífero, el planeta experimentaba ciclos climáticos extremos debido a las variaciones en su órbita (los ciclos de Milankovitch).

  • El Ritmo de los Glaciares: Cuando los grandes glaciares de Gondwana (el supercontinente del sur) se derretían, el nivel del mar subía globalmente. Las selvas costeras quedaban inundadas y «selladas» bajo sedimentos marinos como el esquisto o la caliza.
  • La Escalera de Carbón: Cuando el hielo volvía a formarse, el mar se retiraba y una nueva selva crecía sobre los restos de la anterior. Este proceso se repitió decenas de veces, creando lo que los geólogos llaman ciclotemas: una estructura «en sándwich» de capas de carbón separadas por roca.
  • Accesibilidad Industrial: Sin este «ascensor» climático, el carbón no estaría concentrado en vetas densas y horizontales cerca de la superficie, sino disperso de forma errática, haciendo que su extracción por una civilización primitiva fuera energéticamente costosa o imposible.

La Tectónica de Placas como Filtro Galáctico

El paper de 2026 plantea una pregunta inquietante: ¿cuántos exoplanetas tienen tectónica de placas activa? Muchos planetas rocosos podrían tener lo que se denomina una «tapadera estancada» (stagnant lid), una corteza única y sólida que no se mueve.

Sin placas tectónicas, no hay cuencas de hundimiento, no hay reciclaje de minerales y, lo más importante, no hay un mecanismo para enterrar la biomasa de forma masiva. Los autores sugieren que la tectónica de placas requiere una cantidad muy específica de agua en el manto para «lubricar» el movimiento de las placas. Un planeta demasiado seco o demasiado húmedo (un «mundo océano») podría carecer por completo de la maquinaria necesaria para fabricar carbón.

Una Ventana de Sincronía Crucial

En la vasta cronología del universo, la coincidencia lo es todo. El estudio de Taiz, Primack, Hellinger y Ward, introduce una de las variables más inquietantes y menos discutidas en la búsqueda de inteligencia extraterrestre: la sincronía temporal. No basta con que un planeta sea habitable, ni con que desarrolle vida inteligente; esa inteligencia debe alcanzar su madurez tecnológica en el preciso y breve instante geológico en que los combustibles fósiles de fácil acceso están disponibles.

El Carbón como un Recurso Perecedero

A escala humana, el carbón parece eterno. A escala geológica, es un suspiro. Los autores del paper explican que el carbón no es un componente estático de la corteza planetaria; es una fase transitoria dentro del ciclo del carbono.

  • La Trampa de la Maduración: El carbón pasa por etapas (turba, lignito, carbón bituminoso y antracita). Si una civilización evoluciona demasiado pronto, encontrará turba con baja densidad energética, insuficiente para fundir acero. Si evoluciona demasiado tarde, el carbón podría haber pasado a formas tan profundas o metamorfoseadas que resultarían inaccesibles para una tecnología incipiente.
  • Reciclaje Tectónico: La tectónica de placas, la misma que entierra la biomasa para crear carbón, es también su verdugo. A través del proceso de subducción, la corteza oceánica y continental se recicla hacia el manto. Los autores estiman que la mayoría de los depósitos de carbón tienen una «vida útil» en la superficie antes de ser arrastrados hacia el interior del planeta o destruidos por la erosión masiva. En la Tierra, hemos tenido la inmensa fortuna de que la inteligencia tecnológica surgiera apenas 300 millones de años después del Carbonífero, cuando las vetas aún eran superficiales y ricas.

El Reloj Biológico vs. El Reloj Geológico

El desafío fundamental es que estos dos relojes no están sincronizados por ninguna ley física universal.

  1. El Reloj de la Inteligencia: El desarrollo de un cerebro capaz de manipular herramientas complejas y entender la termodinámica depende de una cadena de contingencias evolutivas (extinciones masivas, cambios climáticos, competencia biológica). En la Tierra, este proceso tomó unos 4.500 millones de años.
  2. El Reloj del Combustible: La formación de grandes depósitos de carbón requiere condiciones atmosféricas y botánicas específicas que pueden ocurrir mucho antes o mucho después de que surja la inteligencia.

Si en un exoplaneta el «Gran Pulso del Carbón» ocurre a los 2.000 millones de años de vida del sistema, pero la inteligencia no evoluciona hasta los 5.000 millones, esa especie se encontrará con un mundo «agotado» energéticamente antes de haber encendido su primera fragua. Estarán condenados a la parálisis tecnológica por falta de un «combustible de arranque».

La Ventana de Oportunidad y el factor L

En la Ecuación de Drake, el factor L representa la duración de una civilización detectable. El paper redefine L no solo como el tiempo que una civilización evita la autodestrucción, sino como la estrecha ventana de disponibilidad energética.

Los autores argumentan que la fase de «quema de combustibles fósiles» es un parpadeo en la historia de un planeta. Es una transición necesaria pero peligrosa. Si la civilización no logra usar ese impulso inicial para dar el salto a energías renovables o nucleares antes de que el carbón se agote o el clima colapse, la ventana se cierra para siempre. Un planeta que agota su carbón superficial sin haber desarrollado una alternativa superior se convierte en una «vía muerta tecnológica».

¿Estamos solos por una cuestión de horario?

Este concepto de sincronía sugiere que el universo podría estar sembrado de civilizaciones «desfasadas». Imaginemos mundos donde la inteligencia surgió en un planeta que ya había reciclado sus depósitos de carbono hace eones, o mundos donde la fotosíntesis oxigénica tardó tanto en aparecer (los citados 63.000 millones de años en algunos modelos del paper) que su estrella se convirtió en una gigante roja antes de que el primer árbol pudiera siquiera morir y convertirse en turba.

La conclusión es tan humilde como asombrosa: nuestra capacidad para enviar señales al espacio no es solo testimonio de nuestra inteligencia, sino de nuestra puntualidad geológica. Hemos llegado a la cita con el carbón justo a tiempo, antes de que la Tierra borrara sus huellas del pasado forestal.

La investigación de Taiz, Primack, Hellinger y Ward nos obliga a reevaluar nuestra posición en el cosmos. La síntesis es clara: el camino hacia una civilización tecnológica no es una línea recta de progreso intelectual, sino una carrera de obstáculos donde la geología tiene la última palabra. El carbón ha sido nuestro «impulsor tecnológico», pero su formación depende de una fotosíntesis compleja, una tectónica de placas vigorosa y una sincronización temporal perfecta.+2

En el futuro, nuestra búsqueda de inteligencia extraterrestre (SETI) podría beneficiarse de buscar «tecno-firmas» químicas. La presencia simultánea de niveles altos de CO2, SO2 y hollín en la atmósfera de un exoplaneta podría ser la señal de una civilización quemando su carbón en medio de su propia Revolución Industrial. Sin embargo, como advierten los autores, esta fase es peligrosamente breve debido al cambio climático que genera, lo que reduce drásticamente nuestra ventana de detección.

Autor

  • Antonio comenzó a investigar los fenómenos anómalos desde muy niño, especializándose en la investigación ufológica. Su perspectiva ha sido siempre crítica y racionalista, aunque no negacionista. Piensa que cada caso debe ser investigado hasta sus últimas consecuencias, pero que eso no puede conducir a inventar respuestas, ya sea en uno u otro sentido. Pronto se unió al Consejo de Investigadores Ufológicos Españoles, donde aprendió las técnicas de la investigación de campo de veteranos como Ramón Navia. Antonio Salinas desarrolló el Proyecto CATAGRA, una catalogación sistemática de los avistamientos OVNI ocurridos en la provincia de Granada. Participó en la fundación de la S.I.B., desarrollando estatutos y reglamentos y toda la documentación necesaria.

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