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Desde que la humanidad levantó la vista por primera vez hacia la bóveda celeste, una pregunta ha resonado en nuestra conciencia colectiva, una interrogante que oscila entre la esperanza y el terror existencial: ¿Estamos solos? Durante siglos, esta cuestión perteneció al reino de la filosofía y la teología. Sin embargo, a mediados del siglo XX, la curiosidad se transformó en ciencia.

La famosa paradoja formulada por Enrico Fermi en la década de 1950 —»¿Dónde están los alienígenas?»— cobró una sustancia inusitada con el advenimiento de la radioastronomía. De repente, teníamos la capacidad tecnológica no solo de escuchar, sino de buscar activamente. Pero tras más de seis décadas de escudriñar el cosmos, y a pesar del descubrimiento de miles de exoplanetas, el «Gran Silencio» persiste.

Hoy nos adentramos en un análisis fascinante que desafía nuestra comprensión tradicional de esta búsqueda. No se trata solo de contar estrellas o planetas; se trata de entender las limitaciones físicas fundamentales que cualquier civilización debe enfrentar.

El paper de Bartolani

Este artículo se basa en el estudio titulado «On Bayesian inference considerations and other issues concerning Drake’s equation of Astrosociobiology« (Sobre consideraciones de inferencia bayesiana y otros asuntos concernientes a la ecuación de Drake de la Astrosociobiología), publicado como preimpresión en octubre de 2025.

ORFEU BERTOLAMI
Profesor Orfeu Bertolami

El estudio es obra del Profesor Orfeu Bertolami, un destacado físico teórico afiliado al Departamento de Física y Astronomía de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Oporto, y al Centro de Física de las Universidades de Minho y Oporto, en Portugal. El Profesor Bertolami es una autoridad en física teórica y cosmología, conocido por aplicar el rigor de los principios físicos fundamentales a cuestiones cosmológicas complejas. Su enfoque en este trabajo trasciende la astrofísica pura para adentrarse en lo que él denomina «Astrosociobiología», fusionando la física con consideraciones sociológicas y biológicas.

En este texto exploraremos la tesis central de Bertolami: la Ecuación de Drake, nuestra herramienta principal para estimar la vida inteligente, necesita una actualización urgente basada en la probabilidad bayesiana y, lo que es más intrigante, en la termodinámica. ¿Y si el motivo por el que no hemos encontrado a nadie es que el propio acto de buscar consume tantos recursos y genera tanto calor residual que pone en peligro la estabilidad climática de la civilización que busca?

El Amanecer de la Búsqueda: Contexto Histórico y Científico

Para comprender hacia dónde vamos, debemos mirar hacia atrás, al momento en que la humanidad despertó de la pesadilla de dos guerras mundiales y se enfrentó a la Guerra Fría. Fue en este contexto de tensión geopolítica y carrera espacial donde surgió la idea de que la radioastronomía podría responder a preguntas milenarias.

El Desafío de Cocconi y Morrison

coconi y morrison

En 1959, Giuseppe Cocconi y Philip Morrison publicaron un artículo seminal en Nature con un título provocador: «Buscando Comunicaciones Interestelares». Su argumento era elegante y basado en la física universal: los radiotelescopios de la época ya eran lo suficientemente sensibles para captar transmisiones de civilizaciones orbitando otras estrellas.

Propusieron que estas señales probablemente se transmitirían en la longitud de onda de 21 centímetros (1.420,4 MHz), correspondiente a la emisión de radio del hidrógeno neutro. Al ser el hidrógeno el elemento más común del universo, esta frecuencia se convierte en una especie de «canal universal» o punto de encuentro lógico para cualquier inteligencia cósmica.

El Proyecto Ozma y el Nacimiento de una Ecuación

Apenas unos meses después, en 1960, el astrónomo Frank Drake llevó a cabo la primera búsqueda efectiva, conocida como Proyecto Ozma. Utilizando una antena de 26 metros en Green Bank, Virginia Occidental, Drake monitoreó dos estrellas cercanas similares al Sol: Epsilon Eridani y Tau Ceti. Aunque no detectó nada, este experimento sentó las bases para la primera conferencia sobre inteligencia extraterrestre en 1961. Fue allí, mientras planeaba la reunión, donde Drake formuló su legendaria ecuación.

Deconstruyendo la Ecuación de Drake: De la Adivinanza a la Probabilidad

ecuacion de drake

La ecuación de Drake se ha convertido en el segundo icono matemático más famoso de la ciencia, después de la fórmula de la relatividad de Einstein. Sin embargo, a menudo se malinterpreta. No es una fórmula para obtener un número exacto, sino una herramienta para organizar nuestra ignorancia.

Los Componentes Clásicos

La ecuación estima N, el número de civilizaciones en la Vía Láctea con las que podríamos comunicarnos, multiplicando una serie de factores:

  • La tasa de formación de estrellas.
  • La fracción de esas estrellas con sistemas planetarios.
  • El número de planetas aptos para la vida.
  • La fracción donde la vida realmente surge.
  • La fracción donde esa vida evoluciona a inteligencia.
  • La fracción que desarrolla tecnología detectable.
  • Y finalmente, L, el tiempo que dicha civilización permanece detectable.

El Profesor Bertolami argumenta que esta ecuación es en realidad una ecuación de «Astrosociobiología». ¿Por qué? Porque mezcla leyes físicas universales (como la formación estelar) con factores biológicos, antropológicos y sociológicos que son contingentes y mucho menos predecibles.

La Inferencia Bayesiana: Una Cadena de Dependencias

Aquí es donde el trabajo de Bertolami aporta una nueva claridad. En lugar de tratar cada término como un número aislado, propone verlos a través de la lente de la estadística bayesiana.

La probabilidad bayesiana se basa en condiciones previas. No podemos tener un planeta sin una estrella, ni vida sin un planeta. Bertolami reorganiza los términos intermedios de la ecuación (fracción de planetas, vida, inteligencia, tecnología) como una cadena de probabilidades condicionales.

La Lógica de la Cadena:

  • Los planetas surgen alrededor de estrellas cuando se despejan los discos de escombros.
  • La vida compleja requiere un nicho planetario específico y evolución geológica (continentes, tectónica de placas).
  • La inteligencia tecnológica surge de la vida compleja.

Al aplicar este rigor matemático, Bertolami estima que la probabilidad combinada de que surja una civilización tecnológica (excluyendo el factor tiempo) es extremadamente baja, del orden de 7,5 x 10^-7. Esto nos deja con una realidad sobria: la existencia de civilizaciones es un evento raro, lo que hace que el último término de la ecuación, el tiempo (L), sea absolutamente crítico.

La Escala de Kardashev y el Antropoceno

Nikolai Kardashev
Nicolai Kardashev

Antes de abordar el problema del tiempo, debemos entender qué tipo de civilizaciones estamos buscando. En 1964, el astrofísico soviético Nikolai Kardashev propuso una escala para medir el avance tecnológico basada en la energía.

  • Tipo I: Una civilización capaz de aprovechar y almacenar toda la energía disponible en su planeta (incluida la solar que llega a él).
  • Tipo II: Capaz de aprovechar toda la energía de su estrella madre (quizás mediante una Esfera de Dyson).
  • Tipo III: Capaz de controlar la energía de toda su galaxia.

Actualmente, la humanidad no es ni siquiera una civilización de Tipo I. Según una fórmula de interpolación logarítmica propuesta por Carl Sagan, somos aproximadamente una civilización de tipo 0,72.

El Gran Filtro y la Crisis Climática

Bertolami conecta este desarrollo con el concepto del Antropoceno. Al igual que nosotros hemos entrado en una era geológica definida por el impacto humano, cualquier civilización tecnológica debe enfrentar su propio Antropoceno.

Aquí surge el concepto del «Gran Filtro»: las amenazas existenciales que podrían impedir que una civilización avance. Hoy en día, el miedo a un holocausto nuclear ha sido desplazado (o complementado) por el riesgo de colapso climático. El desarrollo tecnológico voraz consume energía, y la termodinámica nos dice que ese consumo tiene un precio.

Redefiniendo L: El Costo Energético de la Curiosidad

Esta es la contribución más revolucionaria del paper. Tradicionalmente, L se interpretaba simplemente como «cuánto tiempo sobrevive una civilización sin autodestruirse«. Bertolami propone reemplazar este término vago por uno más específico que involucre parámetros críticos: gasto de energía, área de búsqueda y generación de entropía.

El autor sugiere que el tiempo de búsqueda está limitado por tres factores físicos fundamentales:

1. El Factor Energético (fE)

Cualquier búsqueda sistemática requiere energía: para los radiotelescopios, para el procesamiento de datos masivos, para el almacenamiento. Bertolami asume un escenario conservador donde una civilización dedica el equivalente a la energía de una planta nuclear típica para esta tarea. Esto representa una fracción de su producción energética total.

2. El Factor de Resolución (fA)

No basta con «escuchar». Hay que barrer el cielo. Si queremos detectar una señal con claridad, necesitamos una resolución que nos permita distinguir un área del tamaño de un sistema planetario a una distancia segura (unos 50 pársecs). Esto implica el uso de interferometría (conectar múltiples telescopios para que funcionen como uno gigante), lo cual aumenta la complejidad y el tiempo necesario para cubrir el cielo.

3. El Factor Entrópico (fS): La Barrera del Calor

Este es el punto crucial y a menudo ignorado. Según el Segundo Principio de la Termodinámica, ningún proceso es 100% eficiente. Siempre hay pérdidas. La energía utilizada se disipa finalmente como calor residual.

Si una civilización aumenta su consumo de energía para alcanzar el estatus de Tipo I o para realizar búsquedas masivas, inevitablemente calienta su planeta. Bertolami calcula cuánto calor puede soportar un planeta similar a la Tierra antes de que el cambio climático se vuelva catastrófico (asumiendo un aumento máximo tolerable de 1,5 Kelvin).

El dilema termodinámico: Una civilización tecnológica no puede escapar a las leyes de la termodinámica. Cuanta más energía use para buscar a otros, más rápido degrada la habitabilidad de su propio hogar debido al calor residual.

¿Por qué el Silencio?

Al combinar estos tres factores (energía, resolución y límite de calor), Bertolami llega a una conclusión sorprendente sobre la duración de una búsqueda efectiva.

Sus cálculos sugieren que para que una civilización de Tipo I realice una búsqueda exitosa y sistemática de vida en torno a unas cien estrellas, necesitaría un programa continuo que dure varios miles de años.

Específicamente, para garantizar una probabilidad razonable de éxito (N >= 1), el tiempo de escaneo activo debe ser de al menos 22 años por objetivo en múltiples frecuencias, lo que escala a milenios cuando se considera una muestra estadísticamente significativa.

La Paradoja de la Capacidad

Esto nos lleva a una conclusión humillante: Una búsqueda exitosa requiere capacidades que están más allá de una civilización de Tipo I estándar. Si una civilización dedica los recursos necesarios para encontrar vecinos rápidamente, podría violar sus límites termodinámicos y colapsar su ecosistema. Si lo hace de manera sostenible, la búsqueda tarda tanto que es posible que se extingan o pierdan el interés antes de obtener resultados.

Para una civilización de Tipo II (que usa la energía de su estrella), el problema energético se resuelve, pero el problema del calor residual (fS) sigue siendo un desafío formidable para mantener la habitabilidad de su biosfera original.

La Sociología de las Estrellas y el Bosque Oscuro

bosque oscuro

El estudio también toca implicaciones filosóficas y sociológicas profundas. Menciona la teoría del «Bosque Oscuro», popularizada por la novela de ciencia ficción de Liu Cixin, que sugiere que las civilizaciones guardan silencio deliberadamente para evitar ser destruidas por otras más avanzadas.

Sin embargo, el análisis de Bertolami es más pragmático. No necesitamos invocar depredadores galácticos para explicar el silencio. Las leyes de la física y la sostenibilidad planetaria son filtros suficientemente fuertes. El «Gran Filtro» podría ser simplemente la dificultad termodinámica de sostener una civilización de alta tecnología el tiempo suficiente para encontrar a otros.

Además, la universalidad de las leyes físicas (covarianza) asegura que cualquier civilización se enfrente a estas mismas restricciones. No importa cuán extraña sea su biología; si usan energía, generan calor. Si generan demasiado calor, mueren.

Paciencia y Sostenibilidad Cósmica

El trabajo del Profesor Bertolami nos ofrece una dosis de realismo científico que enfría, pero también refina, nuestras esperanzas de contacto. La Ecuación de Drake, vista a través de esta nueva lente bayesiana y termodinámica, nos dice que la vida inteligente es rara y que la capacidad de conectarse con ella es costosa.

La probabilidad de detectar una señal no depende solo de cuántos «ellos» hay ahí fuera, sino de si una civilización puede sobrevivir a su propia adolescencia tecnológica (el Antropoceno) y gestionar su presupuesto energético y térmico para mantener un programa de búsqueda durante milenios.

A pesar de las dificultades, no todo es pesimismo. La radioastronomía está al borde de una revolución con proyectos como el SKA (Square Kilometre Array), que aumentará drásticamente nuestra sensibilidad y capacidad de resolución. Además, la detección de biomarcadores en exoplanetas (como los recientes estudios sobre K2-18 b) abre nuevas vías que no dependen de que los alienígenas nos envíen señales de radio.

Quizás el mensaje más profundo de este estudio no está en las estrellas, sino aquí, en la Tierra. La investigación sugiere que la sostenibilidad no es solo una opción política o económica, sino un mandato cósmico. Si queremos ser una civilización que algún día converse con las estrellas, primero debemos demostrar que podemos sobrevivir a nuestro propio progreso. El silencio del universo podría no ser un signo de vacío, sino un recordatorio silencioso de que solo aquellos que aprenden a vivir en equilibrio con su planeta tienen el privilegio del tiempo necesario para encontrar a otros.

Mirar al cielo requiere, ante todo, cuidar el suelo que pisamos.

Autor

  • Antonio comenzó a investigar los fenómenos anómalos desde muy niño, especializándose en la investigación ufológica. Su perspectiva ha sido siempre crítica y racionalista, aunque no negacionista. Piensa que cada caso debe ser investigado hasta sus últimas consecuencias, pero que eso no puede conducir a inventar respuestas, ya sea en uno u otro sentido. Pronto se unió al Consejo de Investigadores Ufológicos Españoles, donde aprendió las técnicas de la investigación de campo de veteranos como Ramón Navia. Antonio Salinas desarrolló el Proyecto CATAGRA, una catalogación sistemática de los avistamientos OVNI ocurridos en la provincia de Granada. Participó en la fundación de la S.I.B., desarrollando estatutos y reglamentos y toda la documentación necesaria.

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